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Ciudades distópicas en la Ciencia Ficción

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Es algo muy común que la ciencia ficción esté enmarcada en un futuro distópico, mucho más que en uno utópico (entendiendo como distópico lo contrario a utópico, ya que el término ni siquiera está registrado por la Real Academia de la Lengua Española). Que la distopía sea más común que la utopía tiene una razón de ser, y es que la ciencia ficción se ha utilizado como recurrente para prevenir posibles malos usos de la ciencia y la tecnología, mostrando las consecuencias de estos. Cumplen la función de advertirnos sobre estos futuros para que, al ser conscientes de ellos, podamos reducir las probabilidades de que se conviertan en reales. Estos escenarios distópicos a menudo son críticas hacia la sociedad existente por su tendencia a la deshumanización, la pérdida de libertad, el avance imparable de la tecnología, la superpoblación, la manipulación de la información, etc. Aunque una catástrofe sería una distopía, en ciencia-ficción se suele considerar que la distopía es un futuro hacia el que la sociedad actual muestra algún tipo de tendencia, como una tecnificación alienante del individuo o un uso belicista de los progresos científicos.

Toda esta mezcla de problemas abordados por la ciencia ficción a lo largo de su historia de forma individual en obras como 1984 (1949, George Orwell) o Farenheit 451 (1953, Ray Bradbury), dieron como resultado en la década de los ’80 al llamado subgénero conocido como cyberpunk. Los elementos definitorios de este subgénero son fáciles de identificar: espacios urbanos degradados, personajes marginales y entornos altamente tecnológicos. En literatura, la obra cyberpunk más relevante es Neuromante (1984, William Gibson). Sin embargo es en Blade Runner (1982, Ridley Scott) donde es más fácil, debido al componente visual del que carece la novela, estudiar para nosotros los arquitectos la ciudad distópica y qué elementos son necesarios para que sea reconocida como tal.

Un gran ejemplo de ciudad distópica lo encontramos en el cómic japonés Akira, por no quedarnos únicamente con el cine. Está ambientada en una ciudad conocida como Neo Tokyo. Una nueva cultura que gira alrededor de la tecnología, el cyberpunk, no puede darse con mayor fuerza en otro lugar que no sea Japón. Es curioso comprobar las similitudes entre dos escenarios como el Neo Tokyo de Akira (Katsuhiro Otomo) y Los Ángeles de Blade Runner, ambos de obras del mismo año. No es una casualidad ni tampoco un plagio, ya que en realidad ambas están inspiradas en una ciudad real, el Tokio de los años ochenta donde convive la criminalidad suburbana, la mafia yakuza, el hombre moderno distraído por los medios y la contaminación lumínica de los neones tan típicos de los ’80.

Para Katsuhiro Otomo, el Tokio del futuro está construido sobre las ruinas del Tokyo que conocemos, el Tokyo real. Parece una ciudad americana cualquiera exagerando las proporciones de sus rascacielos. Multitud de niveles viales recorren los estratos de la ciudad y sólo los más altos son los poblados por la gente que dirige la ciudad, mientras que los más profundos se convierten en los suburbios donde se encuentran los protagonistas de la historia, como en la mítica Metropolis (1927, Fritz Lang). Las clases sociales ya no están separadas por barrios, sino por estratos construidos.

En el Neo Tokyo de Otomo, es muy parecido al aparecido en la más moderna Ghost in the Shell (1965, Mamoru Oshii). Japón ha sucumbido al Estilo Internacional, a la globalización de la arquitectura. Rascacielos prismáticos, repetitivos y regulares, que harían parecer chozas las Torres Petronas dominan el skyline de la ciudad. Edificios de hormigón y vidrio son los únicos que tienen cabida en una ciudad deshumanizada y deslocalizada. De no ser por los kangis en los grafitis, los letreros fluorescentes y los monjes budistas que pasean por sus calles, la ciudad podría estar en cualquier otro punto del planeta y no nos parecería fuera de lugar. Atrás queda la antigua tradición de construcciones hechas con materiales blandos como la madera o el papel de arroz, y los templos sólo se encuentran entre las ruinas.

 

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